Una reflexión sobre la necesidad de
este espacio:
Deseamos, esperamos, reflexionamos,
sufrimos, lloramos, gritamos, callamos, abollamos fotocopias (que después
tratamos de alisar lo más posible porque aunque nos rebelemos, tarde o temprano
hay que leerlas), nos arden los ojos, dejamos de dormir bien, aprendemos, reímos,
nos alegran los pequeños triunfos… Y resulta que un día nos damos cuenta de que
llegamos al último año de la carrera que tanto nos hizo vivir, y sentimos mucho
más: felicidad por estar por alcanzar una meta, miedo e incertidumbre por lo
que vendrá después, una mezcla de tristeza y alegría por lo que dejamos atrás y
por lo que está por venir, y… ansiedad, ¡mucha ansiedad!
Por suerte, existe un espacio específico
que nos vincula directamente con la práctica y su reflexión crítica y teórica:
el Taller de Docencia. Los talleres que se proponen a lo largo de los años de
cursado permiten observar la realidad áulica, reflexionar sobre métodos,
estrategias, problemáticas, sujetos; y también intervenir (en mayor o menor
medida según el momento de la carrera). Por lo tanto, su existencia es de suma
importancia, ya que brinda el espacio y las oportunidades para asumir las
responsabilidades y desafíos que supone la práctica docente, estando aun en
formación.
Llegado este último tramo, es
importante recuperar todo lo vivido y experimentado, las lecturas, los autores,
las teorías, al mismo tiempo que incorporar lo nuevo. Así surge el nombre de
este blog: “Taller de Docencia IV: Un baúl abierto, ¿Qué hay adentro y qué
afuera?”. Somos nuestros propios baúles de vivencias y al mismo tiempo, sus
mejores guardianes. Lo interesante es que nos pensemos como baúles abiertos: un
baúl abierto permite que ingresen cosas nuevas y también posibilita el revisar
lo que ya hay dentro, mirar de nuevo, organizar unas cosas, esconder un poco
más otras; y por supuesto, mostrar a otros lo que guardamos y custodiamos, a
veces, con tanto celo. Estas son acciones centrales para una formación docente que
debería ser constante, nunca cerrada y muy crítica.
Y
como un baúl abierto permite mostrar lo que contiene, se habilita la apertura de
este espacio con la sociabilización de un escrito sobre lo que implica la
enseñanza de la Lengua y la Literatura en nuestros tiempos.
La enseñanza de la Lengua y la Literatura en tiempos de
Cibercultura:
Viejos
estereotipos vs nuevas posibilidades.
Parece una verdad obvia que enseñar
Lengua y Literatura hoy, es todo un desafío. Las nuevas tecnologías instalan y
habilitan constantemente nuevos espacios, códigos y formas para relacionarnos. Pero,
lamentablemente, muchas veces se hace hincapié en una mirada negativa de esta
nueva era tecnológica en relación a la educación en general, y a la Lengua y la
Literatura en particular. Existe una creencia social que sostiene la idea de
que las “computadoras” (redes sociales, internet, páginas web, en definitiva,
todo lo que involucra este “tercer entorno” en palabras de Echeverría) han
desplazado la literatura, que hoy “ya no se lee como antes”, que es imposible que
los alumnos agarren un libro, y que cada vez “se escribe peor”. Pero ¿no será que
se lee más que antes y distintas cosas?, ¿no será que se habilitan nuevos
códigos de lecturas y escrituras que mientras son accesibles para unos, son
excluyentes para otros? Reflexionemos entonces sobre algunas consecuencias y
repercusiones que tienen determinadas transformaciones surgidas a partir de
este tercer entorno, en la enseñanza de la Lengua y la Literatura:
Hoy, el saber se encuentra
disponible y accesible para la gran mayoría en diversos formatos y soportes. Ya
no se encuentra en un único lugar (como una biblioteca por ejemplo) ni en una
única figura (la del docente, la del experto). El acceso a la literatura se ve
muy beneficiado por la posibilidad de fotocopiar libros (sin necesidad de
comprarlos) y de acceder a obras y textos digitalizados, aunque esto da pie a
un gran debate: ¿es lo mismo leer desde un libro y leer desde una pantalla? Aunque
para muchos sí (el contenido no cambia, dicen), para otros no: prefieren el
olor a libro, nuevo o viejo, entre sus manos; los ojos acostumbrados a un
formato, se cansan rápido frente al otro, y hay quienes no superan no poder dar
vuelta la hoja con el dedo. Más allá de esto, lo importante es saber “explotar”
esta posibilidad de acceso (casi ilimitado) a la literatura.
Esta amplitud en el acceso al
conocimiento, tiene como consecuencia una disminución en el uso de la memoria:
una excesiva confianza en la disponibilidad de los materiales, puede conducir a
una despreocupación por fijar el contenido y por atender las explicaciones de
un docente. La memoria del contenido da lugar a la memoria del lugar en donde
se encuentra el contenido (recordar qué libro, qué fotocopia, qué archivo es el
que necesito) Al mismo tiempo, el acceso fácil y rápido a distintos materiales
puede influir positivamente en erradicar aprendizajes memorísticos carentes de
reflexión sobre, por ejemplo, fechas de publicación de determinadas obras, años
de ediciones, nombres de traductores: el material accesible posibilita una
mejor manipulación del conocimiento, una mayor reflexión y acceso a datos
contextuales de cualquier obra (además de muchísimos textos críticos que dan
herramientas al propio análisis)
En cuanto a tiempos y espacios de
lectura y escritura, las nuevas tecnologías posibilitan a quienes las disponen,
de poder leer y escribir cómo y dónde quieran, eligiendo el soporte que más
agrade o al que más puedan acceder. La posibilidad de obtener libros
descargables en formato PDF, permite que se pueda leer en el momento y el lugar
en que se quiera y pueda, no sólo en el aula. Aunque, si se lo conserva como
archivo y no se le hace una impresión, la condición es, vale la pena
recordarlo, tener disponible una computadora y energía eléctrica (todo avance
tiene sus límites) Lo mismo para la escritura. Además, el entorno digital
permite recuperar la dimensión social de estas actividades: posibilita
sociabilizar escritos personales e interpretaciones y sugerencias de lecturas.
Al mismo tiempo, se facilita también un encuentro personal, individual con el
texto o con el soporte de escritura elegido: es posible que cada alumno acceda
a su propio texto sin necesidad de compartir una instancia de lectura
“obligada” con otros por no disponer de suficientes obras para una lectura
individual.
Entonces
¿qué supone enseñar Lengua y Literatura
hoy, en este contexto?
Principalmente,
supone dar cabida a la tecnología dentro del aula, autorizar su ingreso, porque
sin pedir permiso, ella ya está interviniendo en el espacio de aprendizaje: de
hecho, interviene desde el momento en que empieza a influir y moldear el
pensamiento de alumnos y docentes (no necesariamente desde dentro del contexto
escolar).
Ciertamente,
en esta profesión hay pocas certezas: todo está sujeto al cambio y depende de condiciones,
sujetos y situaciones específicas, lo que hace a la falta de fórmulas
universalmente válidas (deseadas por muchos, pero cuya existencia realmente
quitaría todo atractivo a la labor). A pesar de esto, una certeza innegable es
que este tercer entorno nos rodea, marca, influye e irrumpe en nuestra
cotidianidad y que, por lo tanto, no tiene sentido el ofrecer resistencia a
algo a lo que no podemos impedir que forme y deforme nuestro contexto y nuestra
propia forma de ser. Ya lo señala Echeverría (2016): “Ese nuevo espacio de
interacción social no sólo incide en la vida pública, sino también en la vida
íntima y en las actividades privadas”
Por lo tanto,
si este tercer entorno ingresa a las aulas invadiéndonos, siendo impertinente, sin
pedir permiso, la idea es ver qué posibilidades nos brinda para la enseñanza de
nuestra área. Creo que en esto radica la mayor incertidumbre: los que estamos
dispuestos a abrirles las puertas a las herramientas tecnológicas, muchas veces
carecemos de un cómo: ¿cómo las incorporamos a la enseñanza de la Lengua y
Literatura, más sabiendo que muchos las consideran esferas opuestas?, ¿cómo
podemos poner en práctica las nuevas formas de lectura?, ¿cómo habilitar dentro
del aula los nuevos formatos de escritura?, ¿cómo usar los espacios
ciberculturales para propiciar la producción y publicación de escritos y
lecturas personales? Lo importante es que esto no nos paralice: a partir de la
práctica, los ensayos y los errores es que se aprende. De esto se desprende una
segunda certeza: para enseñar desde este tercer entorno se requiere de una
alfabetización específica, tanto para el docente como para el alumno, vinculada
con el conocimiento de distintas herramientas tecnológicas y su manejo,
espacios sociales de intercambio, formatos de escritura y lectura, códigos de
comunicación.
Hay
que reconocer además que este tercer entorno puede potenciar nuevas
habilidades, competencias y capacidades respecto a la escritura y la lectura.
No creo conveniente pensar que las “computadoras” desplazan la lectura (de
hecho, se expuso que hay una gran disponibilidad de textos digitalizados), o
que atentan contra las reglas de la escritura. Más bien pensemos que hay nuevos
modos de leer y escribir, distintos a los que estamos acostumbrados y que no
por eso son formas carentes de valor, aunque tampoco deben sustituir por
completo a las anteriores.
La
enseñanza de la Lengua y la Literatura en tiempos de cibercultura supone todo
lo ya dicho y mucho más: creatividad, imaginación, una mirada crítica y abierta
frente a lo nuevo, la aceptación de la necesidad de siempre continuar en la
formación de lo que se desconoce (y de lo que se conoce también, pues nada es
abarcable en su totalidad, siempre quedan lecturas, textos y autores fuera de
nuestro alcance)
Para
concluir, basta decir que enseñar en sentido amplio, es siempre un desafío. Lo
es hoy, lo fue ayer, y lo será mañana. Si el desafío es mayor o menor no
importa. La resistencia y la comodidad son enemigas de los cambios. Por eso
siempre va a ser mejor mantener una postura abierta (dejar abierto el baúl) para
probar y elegir.
Va mi suerte de comentario:
ResponderEliminarEn primer lugar me resulta interesante el baúl como metáfora para el taller de docencia. Metáfora que responde exactamente con vos como persona, no como vos Araceli, sino como docente, que decide o no guarda “cosas” y otras que entran más allá de la decisión de cada uno.
Las acciones que le asignas al cuidado del baúl corresponden en línea exacta con la formación docente y su principal característica: nunca cerrada, siempre constante.
“Viejos estereotipos vs nuevas posibilidades” Este subtitulo me parece acertado a la hora de pensar el cambio de mirada que genera el tercer entorno en la enseñanza de la lengua y la literatura.
Me surgen preguntas sobre lo que propones… ¿crees que lo que cambió es lo que se lee y no la forma en lo que se lee? Acceder a la nueva forma casi ilimitada como propones vos es más que acertado y coincido totalmente: aunque añoremos el libro, la tecnología nos abre mil puertas.
La relación entre la forma de procesos la información y el uso de la memoria funciona perfectamente en relación de acto – consecuencia: más información disponible menos necesidad de usar la memoria. Sin embargo ¿te parece que es este el momento en que el aprendizaje memorístico debe desaparecer? ¿No pedirías cómo “necesario” el conocimiento de ciertas fechas o datos específicos? ¿Y cómo docente, dejarías de aprender tu clase expositiva porque la podes volcar en un video, prezi u otro soporte?
“¿Qué supone enseñar lengua y literatura en este contexto?” Excelente pregunta!! Dejar entrar a la tecnología (que ya interviene en el pensamiento del alumno con el que ya se comparte el aula).
Aunque protestes por la falta de un cómo a la hora de enseñar desde el tercer entorno, tu segunda certeza piso fuerte en la escritura del blog: “para enseñar desde este tercer entorno se requiere de una alfabetización específica, tanto para el docente como para el alumno, vinculada con el conocimiento de distintas herramientas tecnológicas y su manejo, espacios sociales de intercambio, formatos de escritura y lectura, códigos de comunicación.”
El último párrafo me completa la lectura en función de la metáfora planteada en el comienzo. La docencia es un desafío: uno que tenes bien asumido. Ojalá puedas seguir cargado el baúl con más hermosas reflexiones sobre la carrera.
Mi comentario no deja de ser valorativo, como ya te comenté me parece que respondió perfecto a la consigna y pudiste darle sentido con la gran metáfora que seleccionaste. Me quedó solo interpelarte con algunas cuestiones que me surgieron a medida que te leí, y sobre todo, el sabor de que además me gustaría saber tu postura sobre lo que planteas como versus. Es un placer leerte, siempre con ideas claras y con una transposición didáctica envidiable.
💙📓📔📚📖💙
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar¡Buenas por aquí!
ResponderEliminarcuando inicie la lectura confieso que la metáfora de baúl no me cerro, quizás porque la vinculé con lo viejo, con lo nostálgico, con lo oculto y lo guardado; como algo que se mueve poco y es pesado.
Pero después re pensé la idea del baúl, desde esta apuesta que hiciste como lugar disponible, que reconoce lo que portamos, acá esta todo, no guardadito sino disponible, ofertándose.
El trabajo de problematización realizado en torno a los sujetos atravesados por este tercer entorno es interesantísimo, además de completo y sustentado. Las preguntas que formulás dan cuenta de un proceso de reflexión que recupera lecturas, experiencias y debates en clase.
Micaela recupera tus preguntas y plantea una conversación que revisa y re- trabaja tus interrogantes, y esto puede ser tela para generar nuevas entradas.
Me parece muy bueno que sitúes y te sitúes en ese contexto desde el reconocimiento de que la docencia es creación, ahora y antes, que siempre implico desafíos y que problablemente lo que también caracterice esta tarea es la incertidumbre del futuro de nuestras prácticas educativas, no sabemos que pasará con libros, o con la escuela, o con los lugares que hoy son conocidos para nosotros. Habrá entonces que ser creadores e inventores.